Tonolec
Música electrónica con sangre nativa
Fusión de samplers y sonidos tobas
"Diego es la parte tecnológica,
cerebral, loopeada, y yo soy la parte visceral, la
que investiga el lenguaje toba del grupo y el costado acústico de las
canciones. Es una mezcla de dos culturas, la misma fusión toba-electrónica que
se da en nuestra música." Las palabras son de Charo
Bogarín, tataranieta de caciques guaraníes, cantante
y letrista del grupo electrónico-toba Tonolec que, junto al programador Diego Pérez, creó una
sorprendente fusión de ritmos de los pueblos originarios del Chaco con máquinas
y samplers.
El primer disco del dúo, donde conviven
canciones propias y tradicionales, cantadas en lengua toba y en castellano, con
sonidos como el n´vique (violín de una sola cuerda) y
secuencias electrónicas, fue el resultado de un viaje circular. En 2001, con el
nombre de Laboratorio Wab, los chaqueños ganaron un
concurso de MTV que los llevó vía directa a Europa. "Una vez allí nos
surgió el interrogante. ¿Qué hacemos de original con respecto a otros grupos
electrónicos? A la vuelta nos quedamos a vivir en Buenos Aires y nos dimos
cuenta de que necesitábamos volver a nuestras raíces. En un viaje a Resistencia
conocimos una comunidad toba y ahí cambió todo."
Corría 2002 y el dúo ya se había
rebautizado como Tonolec, palabra en qom que denomina al caburé, un ave de canto hipnótico del
monte chaqueño. Fueron dos años de investigación sobre la cultura y las
canciones populares del pueblo qom, un intercambio
especial con el Coro Toba Chelaalapí y el comienzo de
una amistad profunda con la abuela "Iyaqué"
Zunilda Méndez. "Me acuerdo de que el primer día
llegamos a la comunidad con un montón de máquinas para grabarlos y filmarlos.
Pero cuando los vimos reunidos como en una ceremonia no nos dio para sacar
nada. Poco a poco les fuimos contando nuestra idea y allí apareció la abuela Zunilda que fue una de las transmisoras fundamentales de
algunas canciones y nos terminó adoptando como sus
nietos", relata Diego. "Era muy fuerte el contraste entre nosotros,
que llegamos todos modernitos, y los jóvenes de la comunidad, que tenían
remeras negras de Iron Maiden.
Pero enseguida la gente más grande de la comunidad entendió el respeto con el
que nos acercábamos y legitimizaron lo que terminamos
grabando", apunta Charo.
-¿Qué aprendieron con la gente de la
comunidad?
Diego: -Que hay una idea formada de
precariedad sobre lo indígena, y no es así. Viven de una manera muy simple,
pero con una riqueza cultural y espiritual impresionante. La música se vive
como una comunión entre todos. En lo musical me enseñaron que con pocas cosas
se puede decir mucho, y que ellos ya habían inventado el loop,
porque sus cantos rituales son repeticiones de frases y sonidos.
Charo: -Aprendí a cantar como las abuelas, con
una fuerza que sólo pude encontrar en mis ancestros. A los cantos tradicionales
los tuve que aprender escuchando, porque no hay nada escrito. Pero eso me ayudó
a comprender el sentido ritual de sus canciones y dio más poder en mi voz.
El rostro aindiado, los ojos profundos,
la decidida certeza de Charo contrastan con la tonada
chaqueña y la onda moderna de Diego. Cada uno explica este regreso a las raíces
con una historia personal. Para Diego, Tonolec
apareció al calor de la convulsión social del 20 de diciembre de 2001. "Es
como que ese caos y esa ruptura con todo lo de afuera nos permitió ver cuál es
la riqueza nuestra y saber que lo más lejos a donde uno puede llegar es a ser
uno mismo, aunque suene a clisé."
Para Charo,
otra cosa se prendió en su interior. "Comenzar este trabajo fue buscar en
mis raíces ancestrales, porque por mis venas corre sangre nativa, como dice una
de nuestras canciones. Yo tengo sangre guaraní, tengo tatarabuelos que fueron
caciques y de eso me enteré hace poco. Así que aprender a cantar como hacían
los antiguos fue increíble, una experiencia profunda, realmente profunda."
Gabriel Plaza
Fuente: La Nación
28 de septiembre de 2005